Prefiero que se queden con mi espalda, que me dejen los ojos, que se alejen de mi pecho, que allí siento, que aquí observo, que los brazos están de más; si puedo sentir con la boca y cubrirme con los dientes, mirá, hasta les regalo mis pies, que para andar tengo la mente y las alas, que no las pueden ver, son para ellos estáticamente invisibles.
Guardaditos en el cajón, el ataúd navideño a donde se arrojan leñas tristes en ninguna ciudad de la zona, abandónenlos ahí, prometo no ir a buscarlos, doy mi palabra: me conservaré inmóvil, sin pensar siquiera en mi condición de ser sujeta a la extravagancia.
Soy ajena al dolor, a la forma, a lo concreto del hurto, quiero que sea ahora, debo leer en paz, reconciliarme con mis restos, mis átomos náufragos.
martes, 2 de febrero de 2010
martes, 19 de enero de 2010
Tiempo y forma
Ese precipicio lindo
por el que bailo sin cuidado
esas esquinas de sangre
con oscuras escondidas
esa pileta vacía
donde me tiro de cabeza
sin saber nadar
como ruletas y ensaladas
esos momentos sin aire
de contracciones cardiológicas
y palidez visual
voy donde no hay nadie
me dibujo en la mesa
y no en el papel
no soy diferente
sólo sé jugar
y también sufrir
porque me gusta
porque extrañamente
me encanta
desnudarme en otoño
y esperar a que venga
que me descubra
el inocente fresquito
luego me mire fijamente
me castigue
y me vuelva a vestir.
por el que bailo sin cuidado
esas esquinas de sangre
con oscuras escondidas
esa pileta vacía
donde me tiro de cabeza
sin saber nadar
como ruletas y ensaladas
esos momentos sin aire
de contracciones cardiológicas
y palidez visual
voy donde no hay nadie
me dibujo en la mesa
y no en el papel
no soy diferente
sólo sé jugar
y también sufrir
porque me gusta
porque extrañamente
me encanta
desnudarme en otoño
y esperar a que venga
que me descubra
el inocente fresquito
luego me mire fijamente
me castigue
y me vuelva a vestir.
sábado, 9 de enero de 2010
lunes, 9 de noviembre de 2009
Calambre
Escribo con el pie acalambrado, abandonado en una realidad paralela. Mi cabo humano huyó del cuerpo hace instantes. El dolor es tan físico, punzante, insoportable. Insoportable es un concepto que incluye temporalidad, la insoportabilidad no se daría si algo no fuera constante. Y esto persiste, insiste, exhorta, rompe las pelotas.
Me muevo, lo muevo, aumenta, el grito, la gloria del dolor que vomita cataratas de sangre invisible, enfermeros me embuten cien agujas en la extremidad aventurera, se vuelve colador de capeletinis indiscriminados. Heroína del calambre, puntitos de odisea pedicurosa.
Ay!
¿Cuánto falta!?
¿Cuánto dura un calambre?
El espasmo acaba cuando el dolor cesa. Porque de eso se trata, de dolor insoportable.
Está volviendo en sí. ¡Muere su disfraz!
¿Dónde te fuiste pequeño? ¿Dónde estabas y en la pierna de qué ser?
Ya casi te tengo, tres segundos y la espera termina y te doy besos en la boca, mi pie guerrero, héroe fastuoso.
.
Regresó. Es insoportablemente mío otra vez.
Me muevo, lo muevo, aumenta, el grito, la gloria del dolor que vomita cataratas de sangre invisible, enfermeros me embuten cien agujas en la extremidad aventurera, se vuelve colador de capeletinis indiscriminados. Heroína del calambre, puntitos de odisea pedicurosa.
Ay!
¿Cuánto falta!?
¿Cuánto dura un calambre?
El espasmo acaba cuando el dolor cesa. Porque de eso se trata, de dolor insoportable.
Está volviendo en sí. ¡Muere su disfraz!
¿Dónde te fuiste pequeño? ¿Dónde estabas y en la pierna de qué ser?
Ya casi te tengo, tres segundos y la espera termina y te doy besos en la boca, mi pie guerrero, héroe fastuoso.
.
Regresó. Es insoportablemente mío otra vez.
jueves, 15 de octubre de 2009
Beso
Contra la pared, en la cima de la vereda, con agua y telgopor, sus manos en la, su cintura, el niño cáscara de banana tiene todo el estilo para besar y besa, cómo besa el niño olor a naranja vencida, como si fuera la última vez que usara su boca diciendo tanto, ella lo besa enamorada, enamorada de verdad, pinceladas que parecieran nunca morir, brillan los brazos del niño cáscara y hace frío porque es de noche y él debe irse a trabajar mientras ella sólo pasaba por ahí sabiendo que habría un momento de besonoche para reconfortar su angustia porfiada, un abrazo puro de niño cáscara, cuántas, pero cuántas ganas tenía esa mujernoche de recibir alguna lengua limpia de niño cáscara, hasta que nace el ciclón y se olvida el deseo, destellan burbujas de lluvia en sus bocas, mitad nieve, mitad algodón, con pedacitos de día frustrado y gotitas de victoria turquesa, suena Carla Bruni y los recién salidos de un cuento se ponen a bailar, esbozando movimientos tímidos, simulando ser perros de la calle, con sed de saliva blanca y aroma a rocío huérfano, sus ojos totalmente cerrados, mirándose, dando vueltas sobre la primavera y asesinando la basura que cae del cielo. Más tarde, el niño sube al carruaje y lo acompaña un gustito a cena cara de restaurante francés.
viernes, 9 de octubre de 2009
jueves, 20 de agosto de 2009
sábado, 15 de agosto de 2009
Libertad
El tomó vino toda la noche, aquel 28,
y seguía pensando en ella;
la manera en que caminaba y hablaba y amaba
la manera en que le dijo cosas que le parecían verdad,
pero no lo eran, y el conocía el color
de cada uno de sus vestidos,
y sus zapatos, el conocía la parada y la curva de cada taco,
tan bien como las piernas a las que le daban forma.
Y ella había salido otra vez cuando el llegó a casa, y
volvería con ese especial hedor, otra vez
y así fue.
Ella llegó como a las tres de la mañana
inmunda como un cerdo comemierda,
y el agarró el cuchillo de carnicero
y ella gritó,
retrocediendo contra la pared de la pensión
todavía bella de algún modo,
a pesar de que el amor se esfumaba.
Ese vestido amarillo,
su favorito,
y ella gritó de nuevo.
Y él agarró el cuchillo
se desabrochó el cinto,
se arrancó la ropa delante de ella,
y se cortó las bolas.
Y las tuvo entre sus manos,
como nueces
y las dejó caer en el inodoro
y tiró la cadena.
y ella seguía gritando,
mientras la habitación se ponía roja
OH DIOS!
QUÉ HAS HECHO?
Y el se sentó ahí,
sosteniendo tres toallas entre las piernas
no importándole ya si ella se iba o se quedaba
si se vestía de amarillo o de verde
ni ninguna otra cosa.
Y mientras con una mano sostenía las toallas,
levantó la otra y se sirvió otro vino.
Charles Bukowski
y seguía pensando en ella;
la manera en que caminaba y hablaba y amaba
la manera en que le dijo cosas que le parecían verdad,
pero no lo eran, y el conocía el color
de cada uno de sus vestidos,
y sus zapatos, el conocía la parada y la curva de cada taco,
tan bien como las piernas a las que le daban forma.
Y ella había salido otra vez cuando el llegó a casa, y
volvería con ese especial hedor, otra vez
y así fue.
Ella llegó como a las tres de la mañana
inmunda como un cerdo comemierda,
y el agarró el cuchillo de carnicero
y ella gritó,
retrocediendo contra la pared de la pensión
todavía bella de algún modo,
a pesar de que el amor se esfumaba.
Ese vestido amarillo,
su favorito,
y ella gritó de nuevo.
Y él agarró el cuchillo
se desabrochó el cinto,
se arrancó la ropa delante de ella,
y se cortó las bolas.
Y las tuvo entre sus manos,
como nueces
y las dejó caer en el inodoro
y tiró la cadena.
y ella seguía gritando,
mientras la habitación se ponía roja
OH DIOS!
QUÉ HAS HECHO?
Y el se sentó ahí,
sosteniendo tres toallas entre las piernas
no importándole ya si ella se iba o se quedaba
si se vestía de amarillo o de verde
ni ninguna otra cosa.
Y mientras con una mano sostenía las toallas,
levantó la otra y se sirvió otro vino.
Charles Bukowski
miércoles, 12 de agosto de 2009
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