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Hace unos días murió mi primera profesora de teatro. Ella era muy joven y la noticia me provocó una sensación rara.
A mi no me gustaban los títeres, y ella lo sabía.
Tenía lunares en la cara y eso me resultaba cálido.
Era negra y celeste.
Me enseñó a improvisar y a no tener miedo a la exhibición.
Son pocas las cosas hermosas que nos enseñan a los diez años. Porque es muy fácil instruir a esa edad, donde todo nos resulta nuevo y se aprende rápido, pero esto fue diferente. Como sembrar caminitos.
Ella fue mi comienzo y mi puente de experimentación, mi polvito de autodescubrimiento.
Gracias a ella todavía me gustan los martes.
Una vez, en su clase, vi a una monja asomándose por la ventana y me asusté. Ella no entendía por qué, pero eso no me importa hoy. Me llevó a un rincón y me dijo que debía superarlo, que el miedo era “tan natural, como innecesario y controlable”.
Otra vez, me escabullí por unos pasillos antiguos y la vi llorar. Quise abrazarla, pero subestimé mi Consuelo y me volví en silencio. Fue algo así como el comienzo de su partida.
¿Tenía miedo, mi gran profesora, ese día? Confío en que supo controlarlo.
Ese año compartido, sumado a estas conversaciones casi minúsculas, hacen que te recuerde brillante y valiente. Estoy segura de que con esos colores también partiste.
Creo que no estoy triste, sólo es raro que sucedan estas cosas un poco injustas.
Reflexiono, quizá mañana tampoco esté quien me enseñó a escribir.
Así de importante fuiste.
domingo, 21 de febrero de 2010
sábado, 20 de febrero de 2010
Carta de un león a otro
Mi amado ángel:
¡Oh! Diosa de los celulares! ¡Oh! Gentil niña, frágil, destilando aromas inocentes! ¡Bienaventuradas seamos todavía! Maldigo con precocidad el día en que la adultez nos manche la cara con penas y escarmentemos juntas el pozo hasta el día del juicio final!
¡Oh! Compañera de alegrías! Damita idealista, colmada de propósitos y bonanzas!
Hágase presente la mesura en este mensaje, os advierto con seriedad mi demanda que amalaya, se reconozca hoy y perdure para siempre.
Os suplico Reina de febrero, misericordia para este sucio roedor que no hace más que pellizcar sus culpas en su cuerpo viejo y atontado por tanta imprudencia.
Ruégole me brinde el amparo necesario para apaciguar mis lamentos perdonando mi ausencia, que poco aportaría a esa celebración deliciosa.
¡Oh! dueña de mi alma, merecedora de mi expiración, espero no importunar en su día intentando justificar mis actos bellacos y despiadados.
No es traición lo que acontece sin querer, ni infidelidad a nuestro parentesco honorable, Dios posea en sus lupas la verdad y pregúntale, sino es cierto que entregaría a mis propios hijos en tu voluntad.
Deseo con mis vísceras tristes que logres, espécimen mojado en magnificencia, vislumbrar sin telones perniciosos la honestidad deste recado que tanto me ha significado hacerle llegar.
Clemencia, y muy feliz día.
quiérola en demasía.
Consuelo.
¡Oh! Diosa de los celulares! ¡Oh! Gentil niña, frágil, destilando aromas inocentes! ¡Bienaventuradas seamos todavía! Maldigo con precocidad el día en que la adultez nos manche la cara con penas y escarmentemos juntas el pozo hasta el día del juicio final!
¡Oh! Compañera de alegrías! Damita idealista, colmada de propósitos y bonanzas!
Hágase presente la mesura en este mensaje, os advierto con seriedad mi demanda que amalaya, se reconozca hoy y perdure para siempre.
Os suplico Reina de febrero, misericordia para este sucio roedor que no hace más que pellizcar sus culpas en su cuerpo viejo y atontado por tanta imprudencia.
Ruégole me brinde el amparo necesario para apaciguar mis lamentos perdonando mi ausencia, que poco aportaría a esa celebración deliciosa.
¡Oh! dueña de mi alma, merecedora de mi expiración, espero no importunar en su día intentando justificar mis actos bellacos y despiadados.
No es traición lo que acontece sin querer, ni infidelidad a nuestro parentesco honorable, Dios posea en sus lupas la verdad y pregúntale, sino es cierto que entregaría a mis propios hijos en tu voluntad.
Deseo con mis vísceras tristes que logres, espécimen mojado en magnificencia, vislumbrar sin telones perniciosos la honestidad deste recado que tanto me ha significado hacerle llegar.
Clemencia, y muy feliz día.
quiérola en demasía.
Consuelo.
martes, 2 de febrero de 2010
nada
Prefiero que se queden con mi espalda, que me dejen los ojos, que se alejen de mi pecho, que allí siento, que aquí observo, que los brazos están de más; si puedo sentir con la boca y cubrirme con los dientes, mirá, hasta les regalo mis pies, que para andar tengo la mente y las alas, que no las pueden ver, son para ellos estáticamente invisibles.
Guardaditos en el cajón, el ataúd navideño a donde se arrojan leñas tristes en ninguna ciudad de la zona, abandónenlos ahí, prometo no ir a buscarlos, doy mi palabra: me conservaré inmóvil, sin pensar siquiera en mi condición de ser sujeta a la extravagancia.
Soy ajena al dolor, a la forma, a lo concreto del hurto, quiero que sea ahora, debo leer en paz, reconciliarme con mis restos, mis átomos náufragos.
Guardaditos en el cajón, el ataúd navideño a donde se arrojan leñas tristes en ninguna ciudad de la zona, abandónenlos ahí, prometo no ir a buscarlos, doy mi palabra: me conservaré inmóvil, sin pensar siquiera en mi condición de ser sujeta a la extravagancia.
Soy ajena al dolor, a la forma, a lo concreto del hurto, quiero que sea ahora, debo leer en paz, reconciliarme con mis restos, mis átomos náufragos.
martes, 19 de enero de 2010
Tiempo y forma
Ese precipicio lindo
por el que bailo sin cuidado
esas esquinas de sangre
con oscuras escondidas
esa pileta vacía
donde me tiro de cabeza
sin saber nadar
como ruletas y ensaladas
esos momentos sin aire
de contracciones cardiológicas
y palidez visual
voy donde no hay nadie
me dibujo en la mesa
y no en el papel
no soy diferente
sólo sé jugar
y también sufrir
porque me gusta
porque extrañamente
me encanta
desnudarme en otoño
y esperar a que venga
que me descubra
el inocente fresquito
luego me mire fijamente
me castigue
y me vuelva a vestir.
por el que bailo sin cuidado
esas esquinas de sangre
con oscuras escondidas
esa pileta vacía
donde me tiro de cabeza
sin saber nadar
como ruletas y ensaladas
esos momentos sin aire
de contracciones cardiológicas
y palidez visual
voy donde no hay nadie
me dibujo en la mesa
y no en el papel
no soy diferente
sólo sé jugar
y también sufrir
porque me gusta
porque extrañamente
me encanta
desnudarme en otoño
y esperar a que venga
que me descubra
el inocente fresquito
luego me mire fijamente
me castigue
y me vuelva a vestir.
sábado, 9 de enero de 2010
lunes, 9 de noviembre de 2009
Calambre
Escribo con el pie acalambrado, abandonado en una realidad paralela. Mi cabo humano huyó del cuerpo hace instantes. El dolor es tan físico, punzante, insoportable. Insoportable es un concepto que incluye temporalidad, la insoportabilidad no se daría si algo no fuera constante. Y esto persiste, insiste, exhorta, rompe las pelotas.
Me muevo, lo muevo, aumenta, el grito, la gloria del dolor que vomita cataratas de sangre invisible, enfermeros me embuten cien agujas en la extremidad aventurera, se vuelve colador de capeletinis indiscriminados. Heroína del calambre, puntitos de odisea pedicurosa.
Ay!
¿Cuánto falta!?
¿Cuánto dura un calambre?
El espasmo acaba cuando el dolor cesa. Porque de eso se trata, de dolor insoportable.
Está volviendo en sí. ¡Muere su disfraz!
¿Dónde te fuiste pequeño? ¿Dónde estabas y en la pierna de qué ser?
Ya casi te tengo, tres segundos y la espera termina y te doy besos en la boca, mi pie guerrero, héroe fastuoso.
.
Regresó. Es insoportablemente mío otra vez.
Me muevo, lo muevo, aumenta, el grito, la gloria del dolor que vomita cataratas de sangre invisible, enfermeros me embuten cien agujas en la extremidad aventurera, se vuelve colador de capeletinis indiscriminados. Heroína del calambre, puntitos de odisea pedicurosa.
Ay!
¿Cuánto falta!?
¿Cuánto dura un calambre?
El espasmo acaba cuando el dolor cesa. Porque de eso se trata, de dolor insoportable.
Está volviendo en sí. ¡Muere su disfraz!
¿Dónde te fuiste pequeño? ¿Dónde estabas y en la pierna de qué ser?
Ya casi te tengo, tres segundos y la espera termina y te doy besos en la boca, mi pie guerrero, héroe fastuoso.
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Regresó. Es insoportablemente mío otra vez.
jueves, 15 de octubre de 2009
Beso
Contra la pared, en la cima de la vereda, con agua y telgopor, sus manos en la, su cintura, el niño cáscara de banana tiene todo el estilo para besar y besa, cómo besa el niño olor a naranja vencida, como si fuera la última vez que usara su boca diciendo tanto, ella lo besa enamorada, enamorada de verdad, pinceladas que parecieran nunca morir, brillan los brazos del niño cáscara y hace frío porque es de noche y él debe irse a trabajar mientras ella sólo pasaba por ahí sabiendo que habría un momento de besonoche para reconfortar su angustia porfiada, un abrazo puro de niño cáscara, cuántas, pero cuántas ganas tenía esa mujernoche de recibir alguna lengua limpia de niño cáscara, hasta que nace el ciclón y se olvida el deseo, destellan burbujas de lluvia en sus bocas, mitad nieve, mitad algodón, con pedacitos de día frustrado y gotitas de victoria turquesa, suena Carla Bruni y los recién salidos de un cuento se ponen a bailar, esbozando movimientos tímidos, simulando ser perros de la calle, con sed de saliva blanca y aroma a rocío huérfano, sus ojos totalmente cerrados, mirándose, dando vueltas sobre la primavera y asesinando la basura que cae del cielo. Más tarde, el niño sube al carruaje y lo acompaña un gustito a cena cara de restaurante francés.
viernes, 9 de octubre de 2009
jueves, 20 de agosto de 2009
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